viernes 5 de junio de 2009

Renovación

Este blog se renueva y cambia de sitio. Por favor, acuda a www.enadol.de/wordpress para seguir sus entradas más recientes. Gracias.

martes 2 de junio de 2009

Pronósticos para 2009 en la Bundesliga: aciertos y fallas

El 25 de diciembre del año pasado publiqué un blog titulado "Futurología para un año incierto", en el que aventuraba algunas tesis prospectivas sobre el balompie germano. Veamos en qué grado acerté o fallé:

* "Ricardo Osorio seguirá los pasos de su compatriota Pavel Pardo: abandonará al Stuttgart y regresará a la liga mexicana de fútbol, quizá reforzando al América." Por el momento se trata de un fallo. Osorio no terminó activamente la campaña con Stuttgart debido a complicaciones con los cálculos biliares, pero no se ha hablado hasta el momento de una posible salida.

* "El argentino José Ernesto Sosa se irá del Bayern a présamo a un equipo suizo. Esta es una realidad casi consumada. Lo que yo preveo es que Sosa jamás volverá a vestir la camisola del cuadro bávaro."
Fallo total. Debido a lesiones de Altintop y Ribery, Sosa terminó la campaña muy activo, con 17 partidos en el torneo. No obstante, aún se especula sobre su futuro, que podría estar en el Colonia (esta no es prediccion mía, lo dicen los rumorólogos profesionales).

* El 1899 Hoffenheim no será campeón del torneo 2008-2009. La gran sorpresa: tampoco el Bayern München alzará la copa.
Tiro a gol. Como sabemos, fue Wolfsburgo el que alzó la charola de campeón, dejando al Bayern en segundo lugar. Hoffenheim, el campeón de invierno, quedó en séptimo sitio.

* El bosnio Vedad Ibisevic, en cambio, se coronará campeón de goleo.
Chin, otra pifia. Ibisevic se lesionó unos días después de que yo escribiera este blog y ya no volvió a jugar. El campeón goleador fue Grafite, de Wolfsburgo, con 28 goles.

* Otra fácil: Karlsruhe, Cottbus y Bochum descenderán a la segunda división de la Bundesliga.
Más acierto que error. Efectivamente, Cottbus y Karlsruhe descendieron, pero no así Bochum, que logró sobrevivir. Fue Arminia Bielefeld el que luego de dos campañas en las que se había salvado de milagro, ahora se hundió a la segunda división junto con Cottbus y Karlsruhe.

* El entrenador Bernd Schuster, defenestrado en Real Madrid, regresará al fútbol germano a dirigir a un importante equipo de la Bundesliga caído en desgracia.
Esta me la guardo para dentro de unas semanas o meses. Hay mucho movimiento en los equipos de la Bundesliga y la predicción bien podría hacerse realidad.

* Un gran escándalo de corrupción sacudirá al fútbol germano. Esta vez no se tratará de árbitros ni de apuestas, sino que estará relacionado con la venta de jugadores sudamericanos a un equipo de casaca azul.
Acierto en todo, menos en el equipo aludido. En Perú, una mujer despechada dio a conocer documentos que involucrarían al peruano Claudio Pizarro y a su agente, Carlos Delgado, en supuestas irregularidades. El escándalo es un hecho aunque no se han comprobado las acusaciones. El presidente del Werder Bremen se vio obligado a renunciar para facilitar las investigaciones y salvar el honor del club. Debo confesar, sin embargo, que cuando hice esta predicción no pensaba yo en el Bremen sino en otro equipo: el Schalke 04, cuyo director deportivo -el encargado de adquirir refuerzos- tuvo que separarse de ese cargo. Pero aunque sean de chiripa, los goles cuentan, lo mismo que esta predicción.

* El arquero Jens Lehmann dará por terminada su carrera futbolística al no prorrogarse su contrato con el VfB Stuttgart.
Otro error. Lehmann se aferra a un equipo que lo consiente y a cuyos entrenamientos llega en helicóptero. Lo que parece ser un hecho es que el cancerbero no regresará a la selección nacional germana.

* El goleador Luca Toni regresará al fútbol italiano luego de dos exitosas campañas con el Bayern München.
Posible gol. Bayern München ya contrató a Mario Gomez para la próxima campaña y es difícil que convivan éste y Toni en el mismo equipo. Se dice que los bávaros pagaron por el goleador alemán 30 millones de euros, y no será para tenerlo en la banca. Además, Toni no se siente bien desde hace tiempo en Múnich. Lástima. Luca me cae re bien.

* Pese a la irrupción del magnate australiano Murdoch como accionista de Premier, el monopolio que controla la transmisión de los partidos de la Bundesliga, una pronunciada baja en la publicidad -que representa algo así como un 25 por ciento de los ingresos de la liga alemana- impactará de lleno en las finanzas del circuito germano. Habrá consecuencias personales.
Esto no se ha confirmado en los hechos. El informe anual sobre la temporada 2008-2009, con todo y las cifras de publicidad, aparecerá a fines de este verano, cuando más pronto.

Así las cosas, no puedo presumir de grandes capacidades premonitorias. Ya lo admitía yo desde aquel blog de diciembre. Pero pegué por lo menos dos tiros que hubiera envidiado el propio Iniesta, de tal modo que insistiré en los divertimentos prospectivos cuando llegue el momento adecuado.

viernes 29 de mayo de 2009

jueves 28 de mayo de 2009

Confieso que he narrado / III (El circo massimo)


Hay cosas mucho peores que dejar involuntariamente de comentar partidos de la Bundesliga. Por ejemplo, cubrir la final de la Champions League. La UEFA da a los periodistas un trato digno del IV Reich, ése en el cual ya vivimos sin que nadie quiera reconocerlo. Para empezar, el caos. En la Plaza Cavour no había ningún bus de los prometidos para la prensa. Resulta que la UEFA, en su mundo delirante, supone que todos y cada uno de los periodistas que llegan de los cinco continentes a cubrir el partido europeo más importante del año van a arribar al mismo tiempo. Yo no lo sabía, pero cuando llegué a Cavour, a eso de las seis y media de la tarde, el último vehículo ya había partido. La UEFA nunca comunicó adecuadamente los horarios organizativos a quienes fuimos acreditados. Pero no me rendí. Tomé un taxi, llegué al Estadio Olímpico y me presenté con mi acreditación confirmada a una serie de puertas, mal llamadas de “hospitalidad”. Nadie sabía dónde se encontraba el centro de acreditación. A todos parecía resultarles extrañísima la presencia e un periodista queriendo trabajar. Y además, en el IV Reich uno es sospechoso de todo hasta que no se demuestre lo contrario. Los encargados de seguridad seguramente poseían diplomas de la Mossad o alguna que otra organización siniestra y estaban entrenados para decir solamente “Sorry sir, you can’t come in”. Aunado a lo anterior, al señor Silvio Berlusconi se le ocurrió que el partido entre el Manchester United y el Barcelona podía dar lugar a actos terroristas de inimaginables proporciones, de modo que decidió poner a la capital italiana a resguardo de los carabinieri, el esercito y demás instituciones armadas del Estado italiano. Soldados por doquier, patrullas ruidosas, armas de todas denominaciones y represión al derecho al libre tránsito. A estas alturas, y conciente de mis pocas posibilidades de triunfo ante un régimen paraestatal armado hasta los dientes, estaba a punto de darme por vencido. Volvamos a la UEFA: todo mundo parecía tener un gafete, pero en términos prácticos nadie servía para nada. Fue el personal de atención del FCB Barcelona, al cual le estaré eternamente agradecido, el que me indicó dónde tenía la UEFA el sitio para recoger la tarjeta respectiva. Cuando llegué, rodeando por fuera todo el estadio, regía el caos más absoluto. Aficionados reclamaban furiosos porque no les funcionaba el boleto con chip que alguien les vendió (¿otro fraude, como en el Mundial 2006?). No eran fanáticos cualquiera. Eran ingleses y catalanes. Puede imaginarse el lector los decibeles que alcanzaba la discusión, sobre todo cuando una mujer se puso a gritar, no sé por qué: “Jesú, Jesú, que me va a dar un ataque”. En ese momento todos perdieron los estribos. En medio de la algarabía, le expuse mi caso con toda la calma del mundo a una chica contratada por al UEFA. Apenas vio el e-mail que se supone debía presentar, me dijo totalmente convencida: “Ese mensaje no es de nosotros. Esto no tiene nada de oficial”. No obstante, le pedí que revisara en el sistema y así lo hizo, ayudada por una amabilísima chica portuguesa. Resulta que sí, mi acreditación estaba y a partir de entonces todas las puertas parecían abrirse. Repito, parecían. Faltaban diez minutos para que comenzara el partido, del cual yo ya ni me acordaba. Lo que yo quería era vencer a toda costa a ese sistema perverso que me quería atrapar sin remedio y luego burlarse de mí. Rodee de nuevo el estadio, con una temperatura cercana a los 30 grados centígrados. Llegué a la puerta, pasé varios controles y pese a que aún así nadie sabía exactamente qué hacer conmigo, llegué al área de prensa. Me sentí feliz. Seguí a una chica rubia hasta la tribuna misma, donde pude ver a los jugadores de ambos equipos disputando ya el partido. Pero todo cambió cuando se me ocurrió sacar mi cámara. Antes de pasar a este episodio, debo aclarar que la idea en realidad no fue una ocurrencia mía. Los y las edecanes de la UEFA se solazaban captando imágenes con sus telefoninos así que, supuse, yo podía hacer lo mismo. Apenas había sacado una foto cuando un sujeto de la UEFA se me acercó para indicarme que estaba haciendo algo “vietato”, prohibido. Poco a poco me fui percatando de la situación, pero amablemente le indiqué al escolta que si me reprendía a mí, lo justo era que cargara también contra los demás. Simplemente me sonrió con cinismo y un gesto que leí perfectamente: ellos gozaban de impunidad y yo no. Pero el tipo me dijo además que podía subir a la parte alta de la tribuna y sacar las fotos que quisiera. Alegre, lo hice. Me senté apenas un escalón abajo de José Ramón Fernández, que se veía muy serio y hasta aburrido.Pensé en saludarlo pero, profesional como soy, decidí ponerme a trabajar dejando lo social para más tarde. Exactamente a los siete segundos de que sacara de nuevo la cámara se apersonó una perra con uniforme que, armando un escándalo, me dijo que debía de salirme de la tribuna, que no tenía derecho de estar ahí, y que iba a llamar a las fuerzas de seguridad. Fuera de sí, me dijo que yo era “Área 7" o “Media working area”. Aunque me dieron ganas de escupirle a la cara, cosa que realmente se merecía, decidí no hacer escándalo enfrente de José Ramón (quien, por otro lado, quizá ni se percató de lo sucedido). La famosa “Área 7" no es más que una sala confinada donde era posible ver el partido ¡¡a través de una pantalla de televisor!! Había viajado hasta Roma, acreditado por la UEFA, para sufrir tales vejaciones y además ver el encuentro en condiciones que hubieran sido mucho más cómodas, e idénticas en términos de inmediatez, en la sala de mi casa. Si no me puse a patear mi computadora y mi cámara es porque a estas alturas ya había comprendido perfectamente la situación.Y porque Eto’o anotaba el primer gol del Barca. El primer reflejo consistió en sentirme discriminado por el poder infinito de la televisión. Pero como dice Tony Soprano, hay que ver la big picture. Fijándome, pude notar que incluso camarógrafos de televisión sufrían el mismo confinamiento que yo. Algo apestaba, y mucho. Entonces lo entendí. Si José Ramón y los demás privilegiados podían ver el partido desde la tribuna (por lo demás, en sus palcos también había monitor), no era por trabajar en la tele ni por tener gran poder mediático. Estaban ahí por ser “rights owners”, o sea, clientes VIP de la UEFA. Representantes de empresas que pagaron cientos de miles de dólares al organismo dirigido por Michel Platini para transmitir en vivo el encuentro. It`s the money, stupid!!! Ellos pagaron por estar ahí, y yo no. Con la claridad mental adquirida, y ante la imposibilidad de acceder a otras áreas reservadas donde hubiera podido lograr alguna entrevista, pensé en volver a la tribuna, ya sin cámara. Pero no lo hice. No por miedo ni respeto a los personeros de la UEFA, sino porque eso hubiera sido una auténtica putada para los colegas que soportaban estoicamente el aislamiento. Me moría de sed. Fui al comedor de prensa. Un alemán al que le hablé en su idioma me contestó en inglés y me informó que el buffet ya había cerrado. Más tarde pude comprar una botella de 0,2 litros de agua por dos euros. Nada nuevo en el IV Reich, donde además de ser insultado uno debe pagar por trabajar. Por respeto a mí mismo me quedé a las conferencias de prensa de Sir Alex Ferguson y Pep Guardiola, donde saqué fotos de ambos. Quizá pueda venderlas y recuperar algo de lo que invertí en el viaje. Quizá no..Pero la UEFA seguía dando show. Sacaba yo mis fotos cuando otro tipejo con uniforme me increpó de igual modo que su colega de la tribuna. Ahora el pecado era usar flash..”Causa interferencia”, fue su mal explicada excusa. Lo que me molestó sobremanera es que este fulano no sólo me reconvino por enésima vez, impidiéndome trabajar, sino que me empujó de modo absolutamenre prepotente. Cuando se puso a jalar a otros fotógrafos le dije que ya nos dejara trabajar en paz y se largara de ahí. Surtió efecto. El gorila, al cual la UEFA seguramente premia por su trato a la prensa, se allanó en un rincón y ya no volvió a dar lata. En eso se me ocurrió un buen tema para desarrollar a partir del encuentro. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero dijo a la televisión italiana que la victoria del Barca era “un triunfo para toda España”, de modo que se me ocurrió que podría preguntarle a Guardiola y a algunos aficionados catalanes si realmente el ganador era el país o sólo Cataluña. Me hubiera quedado bien, a la vista de que fuera del estadio ondeaban carteles donde se decía, en ingles Catalonien is not Spain. Pero ya era media noche, nadie me había pagado el viaje y, pese a los esfuerzos de la UEFA, yo era libre de hacer lo que se me diera la gana. Y se me daba la gana simplemente de largarme y no participar más en ese grotesco espectáculo en el cual unos cuantos se enriquecen a costa de las mayorías. Esas hordas que legitiman las sevicias de la FIFA, la UEFA, y los atávicos contubernos entre éstas y los grandes consorcios televisivos del mundo. Las multitudes que aún al día siguiente proclamaban a los cuatro vientos la hegemonía catalana sobre el resto del planeta, o que agachaban la cabeza, acercándola al escudo del Manchester United. Pero vamos concluyendo: luego de estas experiencias, es claro que a la UEFA no le interesan los periodistas ni tienen respeto alguno por ellos como profesionales ni como personas. Pese a las palabrerías mamonas de Michel Platini sobre la humanización del fútbol y la fusión de este deporte con los derechos humanos, el organismo que preside no es más que una mafia ávida de dólares en la cual hasta el más ínfimo se siente con derecho a maltratar a los demás., Así que las muchas empresas y personas subcontratadas por la UEFA para cocinar, organizar la cobertura de prensa o velar por la seguridad hacensimple y sencillamente lo que quieren, amparados en su gafete. Francamente, me dio pena por los colegas que tienen que someterse a estos tratos consuetudinariamente. Los admiro, en verdad. Yo al salir del estadio ya era libre de nuevo. El viaje, por otro lado, ha valido la pena. Roma es esplendorosa y nada la puede opacar. A ella me entregaría cuantas veces fuese necesario.Al fascismo de la UEFA y su “circo massimo”, la Champions League, nunca jamás.

miércoles 27 de mayo de 2009

Confieso que he narrado / II

No me considero un experto en el arte de narrar partidos de fútbol. Pero los más de dos años que realicé tal tarea de modo más o menos constante me dejaron un par de aprendizajes prácticos que quizá podrían salvarle tiempo y algunos dolores de cabeza a algún comentarista en ciernes. Muchos de estos tips no son de mi autoría, sino que me fueron transmitidos de manera amable y colegial por mis antiguos colegas, en cuyo agradecimiento es que socializo el conocimiento adquirido. Lo primero que recomendaría a los posibles interesados en la crónica deportiva es la que considero condición esencial para narrar de modo adecuado un encuentro de balompié o, para el caso, de cualquier otro deporte: llegar fresco y bien descansado. De nada sirve prepararse minuciosamente si, debido a la falta de fuerzas o de agilidad mental, estamos imposibilitaados para transmnitir el conocimiento adquirido. Cuando uno ha dormido bien, las ideas surgen de modo más espontáneo y briillante, el vocabulario se amplía, las asociaciones de ideas se facilitan, y la boca dice exactamente lo que le ha mandado el cerebro. Descansar, y hacerlo bien, es además imperativo para almacenar las energías necesarias para los endemoniados highlights o cualquier otro menester de post-producción que siga a la narración en vivo. Del mismo modo, no es adecuado llegar al partido de fútbol en un ánimo totalmente neutral. La meditación trascendental es buena para encontrar la paz interior, pero un partido de fútbol no se trata acerca de eso. Hay que transmitir emociones, entusiasmo, energía, acción, pasión y, hasta cierto punto, desenfreno. Así que a veces, cuando uno llega en estado demasiado contemplativo, es bueno darse un par de cachetadas. Ayuda mucho también el inundarse durante los minutos previos al encuentro en el ambiente del estadio, los cantos, las banderas, los letreros. Y, claro, es absolutamente necesario tener clara la dramaturgia que rodea a cada partido. Todo ello constituye un excelente punto de partida antes del silbatazo inicial. Conviene también trasladar el método de actuación de Stanislavsky al terreno de la narración deportiva: establecer con la mente un círculo y a base de concentración, convertir esa área en nuestro mundo entero. Una vez establecido todo ello, ahora sí puede darse paso a la iimportancia de la preparación. La breve experiencia en la Bundesliga me confirmó que cada narrador tiene su propio sistema, así que no perderá tiempo desglosando lo que para mí funcionó. Lo que es cierto es que el comentarista debe conocer a los jugadores y a los equipos. No solamente su personalidad, como suele exagerarse en la narración deportiva en México, sino sus características: qué tipo de físico tienen, en qué función juegan mejor y en qué lugar de la cancha (dos cosas muy distintas en el fútbol moderno), de qué equipos viene, a qué equipos podría emigrar, cuántos goles lleva anotados en el torneo, etc. en este punto también se impone tomar en cuenta al elemento esencial de toda narración. Me refiero al público. A diferencia de la afición alemana, por ejemplo, la mexicana no exhibe una pasión tan enciclopédica por el fútbol. Al mexicano, pienso, no le interesan tanto las estadíísticas sino las historias detrás del partido. La afición mexicana es en este sentido sui generis. En México e fútbol es cuestión de cierta importancia, pero no de vida o muerte, como en el caso de ciertos fanáticos argentinos (por mencionar un caso). Es lógico. México nunca ha ganado nada en el fútbol, de modo que no tiene historia que defender.Tampoco hemos tenido un super estrella de talla mundial como Diego Maradona, Pelé o Johann Cruyff. Así que para el aficionado azteca, el fútbol es un divertimento filosófico que lo ayuda a confirmar una y otra vez la teoría de la maldición histórica, la tragedia de la conquista, la corrupción del priismo, la escandalosa debacle de su economía, etc. Así que al mexicano se le deben presentar personajes, como bien lo intuyó ángel Fernandez: el Confesor, el "pierna fuerte", el "sheriff", el "bonavena", la "cobra". De modo análogo, un comentarista de otra nacionalidad debe conocer a quién se dirige y comprender la escuela narrativa que más conviene. Como he dicho, he arrojado un par de ideas sobre esta actividad de la cual sé poco y de cuyo dominio no me precio. Pero es un hecho que no a todos les está dado tener la oportunidadde someterse a la experiencia real de narrar un encuentro de balompié en vivo. A mí sí y espero, con estas ideas, comparti algo de ese conocimiento práctico.

PD: Ustedes perdonarán los errores tipográficos. Este texto fue escrito en un teclado minúsculo, en los pasillos del aeropuerto de Colonia-Bonn.

viernes 22 de mayo de 2009

Confieso que he narrado…

Sin exagerar, fueron cientos las veces que me imaginé escribiendo un artículo con este título. Lo que no preveía, o nunca quise imaginar, era que lo haría a manera de despedida. Pero así están las cosas y no hay nada que hacer. El caso es que hace poco más de dos años comencé una fugaz e intensa carrera como comentarista deportivo, misma que acaba precisamente este sábado con los comentarios del encuentro entre Bayern München y el VfB Stuttgart. No me puedo quejar. En esta campaña me tocaron algunos de los encuentros más relevantes: el Bayern-Hoffenheim de la primera vuelta, y ya en la segunda, el Hertha-Bayern y el Wolfsburgo-Bayern. Además, el épico empate a 3 entre Borussia Dortmund y Schalke 04 en la primera edición del “clásico de clásicos” del balompié germano de esta campaña. Narré el gol del año, obra de Grafite en el partido entre los “lobos verdes” y Bayern. También, debido a circunstancias imprevistas, comenté de modo casi improvisado un partido de la segunda divisón entre Karlsruhe y mi equipo favorito, St. Pauli. Me tocó el horroroso desmayo que acabó con la carrera deportiva de Ümit Özat, en el minuto 25 del encuentro entre Colonia y Karlsruhe. Cinco minutos de drama puro y nada de fútbol, con las lágrimas del portero Faryd Mondragón y el entrenador Christoph Daum. El final de mi trayectoria como narrador, este sábado en la jornada 34, no podía ser más apoteósico: un partido en el que, aún cuando Wolfsurgo saliese campeón, los dos contendientes estarán en obligación de darlo todo en busca del pase automático a la Champions League. Quizá todo fue producto de una larguísima premonición que comenzó en 1985, cuando por alguna razón me inscribí en un curso -que no concluí- para narrar partidos de fútbol. O acaso fue una deliciosa concesión de la vida, que me ha dado ya tantas. No recuerdo cuál fue el primer partido que narré. Me acuerdo, sí, del primer gol, obra del japonés Naohiro Takahara, que entonces jugaba para el Eintracht de Fráncfort. Pronto sabré cuál será el último. Desde entonces, cada partido y cada llamado constituyeron una enseñanza interminable. Primero, aprender el sistema de preparación de los partidos, encontrar las fuentes precisas, los datos más confiables. Luego comprendí la importancia de descubrir la dramaturgia que se esconde detrás de cada encuentro futbolístico: la lucha por el título o la sobrevivencia, la rivalidad histórica, la consumación de la venganza, la redención de pecados cometidos con anterioridad, la caída de algún patriarca, la consagración de los guerreros, etc. Y, claro, había que reaprender a hablar ante el micrófono, debido a la larga ausencia de aquellos menesteres. Con el tiempo aprendí a dominar la narración propiamente dicha. Pero había un animal mucho más salvaje al cual apenas aprendía a domar cuando recibí “el silbatazo final”, la noticia de que mi carrera como cronista deportivo llegaba a súbito final sin posibilidad de “tiempo de compensación”. Me refiero a los temidos “highlights”, narraciones meteóricas en las cuales uno debe luchar contra el tiempo, el cansancio y la siempre latente posibilidad de cometer una pifia que obligara a recomenzar la postproducción. Estuve a punto de dominar tal disciplina, como producto de un trabajo más o menos constante, pero siempre comprometido. Me faltaba únicamente el último “pase a gol”: hilar debidamente tales secuencias con los resultados, la tabla de posiciones y el anuncio de los partidos para la próxima jornada. No me queda duda de que con un poco más de tiempo lo hubiese logrado. Pero no me fue concedido. Así, en una autoevaluación honesta debe consignarse que estaba en vías de convertirme en un buen comentarista de fútbol, tarea en la que mucho luché pero que no pude cuajar. ¿Qué faltó? Eliminar las muletillas, encontrar un ritmo propio, administrar mejor el silencio y los datos, dominar la endémica debilidad de mi garganta, paliar los efectos de una memoria traicionera. ¿Qué hice bien? Aprender de todo y de todos, encontrar un sistema ad hoc a mis fortalezas y debilidades, tomar en cuenta la historia del fútbol y la escuela narrativa de mi país (México), dominar el manejo de fuentes de información, y recuperar el argot futbolístico clásico, entre otras cosas. Y además, justipreciar la riquísima tradición del fútbol alemán, cosa para la cual finalmente se me pagaba. Hubo algunos momentos aciagos, por ejemplo, cuando trataba de pronunciar el endiablado apellido de Salomon Okoronkwo, jugador nigeriano ex del Hertha de Berlín que por fortuna salío de la Bundesliga en esta campaña. Cuando algo así sucedía, regresaba a casa hecho un mar de confusión y rabia. En cambio, el ánimo era radiante luego de realizar una jornada de nivel satisfactorio. Al final, me quedo con la conclusión de que la narración futbolistica es una profesión para cuyo atractivo aún no encuentro explicación precisa. Es una actividad que llena de orgullo y en la cual uno deja hasta el alma con tal de lograr el partido perfecto. No sé si algún comentarista deportivo haya alcanzado tal quimera. Yo, ciertamente, no. Pero quedo agradecido a todos los que me permitieron sentarme ante un micrófono y, bajo el seudónimo de Tadeo Alejandro Carrillo, describir las incidencias de la Bundesliga desde la temporada 2006-2007 hasta el fin de la actual. Yo lo disfruté al máximo, incluyendo el súbito final. Espero que el público, o por lo menos parte de él, lo haya hecho también.

martes 19 de mayo de 2009

México, la corrupción sin fin / III

Poco es lo que puede agregarse desde tan lejos a la gritería política que se desató en México tras la epidemia de gripe A (H1N1). A la aparición del libro del empresario Carlos Ahumada Kurtz le siguieron la estridente entrevista de Carmen Aristegui a Miguel De la Madrid, y la ulterior réplica –menos informativa aún- de Carlos Salinas de Gortari. ¿O es que acaso a alguien le hacía falta la confirmación de que el salinismo fue un régimen autocrático que llevó a cabo reformas históricas para alimentar su propia corrupción? Al mismo tiempo, resalta el autodestape del ex salinista Marcelo Ebrard como candidato a la presidencia de la República Mexicana, a tres años (¡¡¡tres!!!) de que se realicen las elecciones correspondientes. Me parece que en México nadie se da por engañado: estamos ya en la precampaña electoral hacia el 2012 (las elecciones legislativas de este año parecen ser un mero pretexto), y los ánimos están desatados ante la falta de mecanismos institucionales o metainstitucionales de contención. A mí me parece, sin embargo, que en particular las revelaciones de Ahumada tienen un propósito muy definido, que por supuesto rebasa al susodicho autor: regar el ya muy tupido desencanto de la población respecto de la política, o lo que es lo mismo, fomentar la apatía y el abstencionismo. ¿A quién le conviene esto? Por otra parte, veo con la más absoluta desesperanza no lo que ocurre, sino lo que se viene encima del vapuleado pueblo mexicano. Otra vez, una campaña eterna en la que todo se vale. Ya hay muestras claras: las mutuas acusaciones de narcotráfico entre los feudos políticos que se disputan Zacatecas, las descalificaciones a priori, los personalismos, la falta de argumentos, la gritería perpetua. Pronto vendrán los ataques en forma de acciones concertadas tipo videoescándalos o chanchullos bejaranianos. A unos días de que se desatara la “caballada”, debido al madruguete irresponsable de Ebrard, la “guerra sucia” ya está en pleno. Nadie es inocente ni se salva de ella. Acabo de ver en Facebook una imagen, difundida por un conocido periodista que solía trabajar para Rosario Robles, en la que el emblema del PAN es convertido en una esvástica nazi. ¡Y estos ex neoperredistas –hoy neopetistas- son los que se victimizan amargamente! Y ni hablar de los medios, voraces al sacar declaraciones escandalosas a ex presidentes retacados de Prozac o en plena convalecencia tras largas y penosas enfermedades. La política será el espectáculo del próximo trienio, para beneplático de Televisa y el star system del periodismo nacional. Dado que no sufriré tal bombardeo propagandístico –espero-, la cosa no debería de importarme mayormente. Pero ya el sexenio anterior presencié de modo más o menos directo el desgaste institucional que provocaron el escándalo político y la furiosa pelea entre los diferentes niveles de gobierno. Así que temo lo peor, en esta reedición del cochinero político que nos regalaron a los ciudadanos los líderes de todos los partidos. Lo que queda más claro es que la civilidad no existe, y que los suspirantes harán todo lo que esté a su alcance con tal de conquistar el poder supremo. O de retenerlo. Hace seis años no se evitó la violencia política pero sí nos libramos por milímetros de un colapso institucional generalizado. En esta ocasión podríamos no ser tan afortunados. La guerra que viene será sin cuartel y tendrá muchos más participantes que la anterior. Podría, incluso, haber víctimas mortales. A México, al parecer, ya no hay quien lo salve de sus pinches políticos.